EL REY CARLOS IV SEGÚN EL RETRATO DE FRANCISCO DE GOYA DE 1798.

En todas las operaciones han tenido los jefes de mar y tierra íntima unión en sus deliberaciones. Todos a porfía y con un afán y valor a toda prueba, han contribuído a las providencias de ataque y defensa. A esta unión, al valor, actividad y disciplina de los oficiales y tropas del ejército y armada, a los esfuerzos y maniobras de la maestranza y marinería del arsenal, y a los vivos deseos que han demostrado los habitantes del país de escarmentar al enemigo, se debe el glorioso hecho de armas, que jamás debiera borrarse de la memoria de los ferrolanos, ni de los españoles todos.

El rey D. Carlos IV, apreciando el celo, valor y actividad de todos los que habían tomado parte en tan brillantes jornadas, concedió al capitán de navío D. Juan de Dios Topete, cuyo mérito en esta ocasión no podrá jamás valuarse debidamente, un escudo de distinción laureado en el brazo izquierdo, gracia que también se hizo extensiva a sus subordinados y a los demás de otras armas que contribuyeron a la citada defensa.

        Este glorioso, aunque tan expuesto acontecimiento, no debe jamás olvidarlo el Gobierno español para precaverse en lo sucesivo de sorpresas que, como la del año 1800, pueden reducir en pocas horas a cenizas el mejor establecimiento naval de la Península. Por eso cuantos gastos se hagan en fortificar un puerto militar tan interesante, cuantos sacrificios cueste la seguridad de aquella rica joya de la España, serán siempre reproductivos para el Estado. Su honra y su porvenir están principalmente basados en una respetable

UN ATARDECER DESDE MONTEVENTOSO.

 Marina militar, y es incuestionable que El Ferrol es el punto que reúne más elementos y mejores condiciones para ser la cuna y base principal de la Armada española, ya en parte de la construcción y armamentos, ya respecto a la seguridad de su magnífico puerto.

La Providencia había querido salvar al Ferrol de las desgracias que le amenazaran, y era indispensable prestar ante sus altares los homenajes del más profundo reconocimiento. El Ayuntamiento, cumpliendo este religioso deber, y acompañado del vecindario y de todas las autoridades, jefes y corporaciones civiles y militares de mar y tierra, concurrió a la iglesia parroquial de San Julián. Postrados en ella a los pies del Altísimo, se entonó un Te Deum en acción de gracias por tan grande acontecimiento.