La Providencia, repetimos, quiso en este día proteger a los españoles y salvar al Ferrol; porque si a la retirada de nuestras tropas el enemigo fuese más intrépido y siguiese atacándolas y persiguiéndolas, siendo tan desproporcionado su número, habría sin duda alguna entrado envuelto con ellas en la plaza, sin que tuviese que vencer grandes dificultades, atendiendo al estado imperfecto y tumultuario en el que se hallaban aún por entonces todas las providencias y preparativos de defensa.
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| BALUARTE DE SAN JUAN, PARTE DE LA MURALLA DE FERROL. |
Mas el valor y resolución que mostraron nuestras pequeñas columnas en las dos acciones, debieron imponer algún respeto al invasor, y no osó adelantarse a sonrojar siquiera con su presencia los mezquinos muros de un recinto débilmente fortificado. Quizá habría concebido mejor éxito con el empeño de introducir su escuadra dentro del puerto, y por eso dejaría retirar nuestras tropas sin perseguirlas, dirigiendo sus principales ataques al castillo de San Felipe, después de haber entrado algunas partidas en la villa de la Graña.
Efectivamente, a las diez de la mañana una columna de cuatro mil hombres, con dos piezas de artillería que colocaron en las alturas que dominan dicho castillo, trató de apoderarse de él atacándolo por su gola, punto que no tenía más defensa que dos cañones que de noche había montado la maestranza del arsenal. Pero esta tentativa que repitió con ímpetu tres veces, también la salió frustrada; porque como para efectuar el ataque era indispensable bajar por la explanada bastante inclinada que domina la espalda del castillo, presentándose descubiertos a los fuertes de San Martín y de la Palma situados en la costa opuesta de la ría, bien pronto los fuegos de estos castillos y el certero y bien nutrido de las diez lanchas cañoneras de la escuadra, mandadas por el capitán de fragata D. Francisco Vizcarrondo, causaron al enemigo destrozos de la mayor consideración, haciéndole desistir de su temeraria empresa. Viendo los ingleses que nada pudieran conseguir sobre San Felipe se replegaron a su campo retrincherado de Brión, y a las cuatro de la tarde lo abandonaron también para retirarse al sitio del desembarco.
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| LA PARTE TRASERA DEL CASTILLO DE SAN FELIPE. |
Grande debió ser la desconfianza que se apoderó de los ingleses a la vista de esta sucesión de hechos, para lograr la destrucción del Ferrol; y grandes serían sus dudas para aventurarse en la continuación de su empeño. La reunión de ciertos incidentes que se presentaron a la vez pudieron haberle hecho de mudar de parecer y tratar de abandonar la empresa. El éxito de un golpe de mano, que en pocas horas asegurase con la sorpresa el designio meditado por el gobierno inglés, ya estaba desvanecido y del todo frustrado; porque el enemigo debía presumir que durante el tiempo que había mediado desde el desembarco se estaría disponiendo en la plaza algunos recursos de defensa y se habrían alarmado las comarcas vecinas para hacer más vigorosa le resistencia, imposibilitando con ella el desembarazo de una buena retirada. Así debió temerlo por la venida de los nuevos refuerzos que envió el capitán general del Reino de Galicia en el momento en que, por el vigía de la torre de Hércules de La Coruña, supo los movimientos de la escuadra y convoy enemigos.